"...el libre albedrío humano era su obra maestra..."
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| Peso infinito, su propio Hijo, Dios |
Es claro que pudo el Creador a la primera prevaricación del hombre haber petrificado sin aniquilar aquella formidable prerrogativa de su libertad, reduciéndola a la impotencia como hizo con los ángeles, condenando a los unos y confirmando a los otros.
Y para dignificarlo más, y para que nunca más la libertad humana pudiera desequilibrar su balanza, aunque los pecados de los hombres formaran una montaña, cuyo cimiento bajara hasta el infierno, y cuya cumbre amenazara el cielo, arrojó en el platillo el peso infinito de la carne dolorida y adorable de su propio Hijo, que era Dios.
“Si alguna cosa fuera mejor y más útil para la salud de los hombres que el sufrir adversidades – dice Kempis -, por cierto que Cristo lo hubiera enseñado por palabras y ejemplos.”
Cortesía de Pablo P.
Cortesía de Pablo P.

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