"Aquellos a quienes yo amo, comen más cerca de mí, en mi mesa..."
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| Indicio de predilleción |
Débese pensar además que el dolor no es solamente instrumento de redención, sino indicio de predilección de Dios hacia alguna criatura, de tal manera que los que no sufren, deben inquietarse por su desamparo, y llamar a las puertas de la misericordia, sin descansar, reclamando su porción de dolor, como un hijo reclama su herencia legítima.
Santa Ángela de Foligno nos dice con palabras inspiradas por el mismo Jesús: “Aquellos a quienes yo amo, comen más cerca de mí, en mi mesa y toman conmigo su parte en el pan de la tribulación, y beben en mi propia copa, el cáliz de la pasión.”
¡Pobres ciegos los que esto ignoran y se rebelan contra lo que es señal de predestinación! Por eso exclama el Eclesiastés: “¡Ay, de los que pierden los sufrimientos!”
Infinitamente profunda y consoladora es, pues, la afirmación del Padre Faber que hace del dolor el octavo sacramento. Pero ¿no hay en el mundo algo que valga tanto o más que el dolor y que pueda ser llamado el noveno sacramento? Revoloteando alrededor de esas cosas sublimes, que devoran mi pequeño pensamiento como devoraría la llama de un volcán a una aturdida mariposa que se aproximara al cráter, he llegado a pensar que si, que hay algo que vale más que el dolor, porque siendo de su propia esencia, tiene un grado más de perfección, y que puede ser llamado el noveno sacramento.
Cortesía de Pablo P.

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