Un silencio puede ser cobardía o puede ser valentía, puede ser imprudencia o prudencia, ruindad o heroísmo. En esta circunstancia novelística hay cierta cobardía o pudor por parte del señor de Achala, que no se anima a desnudar su corazón. Pero más allá de este pormenor, cuán cierto es que el silencio libera, protege y fortalece.
El silencio es un bien, una gran riqueza que hemos enterrado y deberíamos desempolvar. El silencio ayuda a desvelar las cosas, es decir, a quitar el velo a aquello que está tapado. No es que queramos rendir un culto esotérico al "dios silencio", no se trata del yoga o del encuentro con la naturaleza (como fin último).
Se trata más bien de que Dios creó el silencio para que nuestro corazón hable. Y el corazón es un señor muy respetuoso, no va a hablar si nosotros no le damos su lugar. Cuando aprendamos a darle lugar al corazón para que hable, nos va a contar cosas grandiosas, pues él es más que políglota ¡es omníglota! (sí, perdón por el neologismo).
El corazón habla todas las lenguas que existen, la de los árboles, de las astros, la de los pájaros, la de las montañas, la de los ángeles... todas esas, y muchas más. ¿Y qué le cuentan todas estas cosas al corazón? Le hablan, fundamentalmente de dos cosas: primero de ellas mismas,de su realidad, de lo que son, de la cosa en sí misma diría un filósofo; y segundo, hablan también de Aquél que las hizo como son y les enseñó a qué misión cumplir en su vida.
Es buen síntoma que una persona busque cada día sus ratos de silencio, para que el sabio corazón le cuente acerca de su encuentro con las cosas y con el Creador de ellas. Y mal síntoma es que una persona -y una sociedad entera- rehuya del silencio. Esa gente no puede escuchar nada y estará anestesiada, es un nido de ideólogos, peyorativa hablando ¿no?
-El silencio es un refugio. A veces uno se siente como acorralado por las palabras ajenas que oye y por las propias que no se anima a decir. Sólo callándose puede escapar. Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice.
-¿Cómo pueden acorralarnos las palabras que no nos animamos a decir?-preguntó ella con tonillo zumbón, mirando el camino-. ¿Usted quiso decir los pensamientos que ocultamos?
El señor de Achala comprendió que iba a entrar en un terreno peligroso.
Supuesto que hubiera palabras que no se debían decir ¿a qué las anunciaba?

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