Sus creaciones son, en las montañas, a veces sublimes y a veces ridículas.
Al mirar aquellos demesurados monigotes de formas estrambóticas , donde hay la caricaura de un dios egipcio junto al perfil de un zapatero, cree uno hallarse en el taller de un cíclope escultor, ciego y demente.
El martillo de este artista son los terremotos.
En el mar, la Casualidad genio es más delicada.
Es un Cellini que trabaja para el caos.
Sus herramientas son los vientos y las olas: los vientos, el martillo; las olas, el cincel.
En las montañas la Casualidad-genio trabaja por impulso.
Si concibe la obra, la esboza únicamente; jamás la acaba.
En el mar, la Casualidad-genio trabaja eternamente minuto a minuto, enmendando hoy la obra de ayer.
Ni descansa, ni queda jamás satisfecha.
Sólo el agua paciente, sutil y constante puede tallar filigranas."

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