-¿Quieres que volvamos?
-Como tú quieras, Margarita. Ya sabes: siempre como Flor del Aire quiera.
-Volvamos, pues.
La embarcación empezó a desandar su camino. La niña sonreía mirando a Alegre.
-¿De qué te ríes?
-De ver cómo me obedeces. Si yo fuese una reina, seguramente no serías más pronto para responder a mis órdenes.
-No, no sería más pronto si fueses una reina.
-¿Por qué, Alegre?
-Ayer tú misma hallaste la explicación.
-No me acuerdo.-¡Porque te quiero, Margarita! Yo no tengo más amigo ni camarada que tú...
Ella quedó un instante silenciosa, como luchando con su propia timidez. Después murmuró:
-Entonces, yo también haría siempre lo que tu quisieras.
-¿Por qué? -preguntó Alegre, temblando de esperanza.
-Porque... ¡Mira ésa mariposa!
-¡Déjala que se vaya! ¡Dime por qué!
-Porque yo también te quiero, Alegre -respondió francamente, pero sin mirarlo.
El agua que chapoteaba contra el bote hacía: ¡Clap, clap!... ¡clap, clap!
Y ella, por hacer algo que rompiera el silencio en que los dos se habían quedado, se puso a imitarla:
-¡Clap, clap!... ¡clap, clap!
No hay comentarios:
Publicar un comentario