24 de septiembre de 2014

LA SEGUNDA VENIDA

¡Inexplicable distracción la nuestra!

   El pueblo judío vivió cuarenta siglos en la ansiedad jubilosa de la primera venida. En cambio nosotros los pueblos cristianos, que hemos visto realizarse el primer advenimiento y recibido la prosa el segundo, ya no como Redentor, sino como Rey, en gloria y majestad, apenas nos acordamos de ello.
   Y sin embargo diariamente, millones de fieles afirman en su credo este dogma: "Y de allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos"; y cantan en su misa: "Et iterum est cum gloria judicare vivos et mortuos"; y en su Padrenuestro ruegan por el pronto advenimiento de su Rey: "Adveniat regnum tuum"!
   Pero ¿cuántos son los católicos que, al rezar esas oraciones, piensan que están anunciando el fin del mundo y rogamos porque sea pronto?
   Las gentes huyen de estos problemas, y no solamente los astrónomos y físicos intentan demostrarnos (lo que no está en cuestión) que el mundo tiene cuerda todavía, para millones de años. Son también algunos teólogos que hallan argumentos muy pomposos para justificar una esperanza de una ilimitada longevidad del mundo, esperanzas que en la antigua ley habrían constituido una blasfemia.
   ¿Tanto les conduele el fin de la humanidad, que a trueque de que ella pueda seguir viviendo, como ahora vive, renuncian o aplazan por millones de años la segunda venida de Cristo?



Cortesía de Pablo P.




(Wast, Hugo. EL SEXTO SELLO.)

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